Múltiples suicidios y una inmensa agonía, eso fue lo que se vivió una de las tardes más trágicas en la historia del fútbol.

Habían pasado 12 años ya, de la última vez que se jugó un mundial, debido a la segunda guerra mundial, se suspendieron 2 ediciones de la fiesta más grande del fútbol. Pero llego el año de 1950, y con la guerra concluida, el balón volvería a rodar, Brasil sería la sede anfitriona de la copa, y al ser los elegidos, en menos de 2 años levantaron un proyecto que parecía imposible, construir el estadio más grande del mundo en ese momento, el Maracaná.

Las 13 selecciones participantes se encontraban listas para la justa mundialista, Argentina, Francia y Alemania serían las 3 grandes ausencias del torneo, por su parte Brasil el favorito indiscutible para alcanzar la gloria mundial.

El 24 de junio de 1950, el Maracaná abrió sus puertas al mundo y recibió la gran inauguración del mundial, Brasil goleó 4-0 a México para dar inicio a la competición.

Yugoslavia y Suiza fueron los otros dos rivales de grupo de los cariocas. Los Yugoslavos fueron víctimas del impecable juego de la canarinha y perdieron 2-0, en cambio Suiza logró sacarles el empate 2-2, pero fue más que suficiente para que Brasil avanzará como líder de grupo a la siguiente ronda.

Ese fue el único mundial de la historia en el que no hubo final, pues el campeón se definiría en un grupo conformado por los líderes de grupo de la primera ronda, se enfrentarían todos contra todos y el que más puntos hiciera se llevaba la copa.

España, Suecia y Uruguay acompañaban a Brasil en la ronda final, a las 2 selecciones europeas, Brasil les pasó por encima con goleada, por su parte Uruguay le ganó a Suecia y empató con España. De esta manera el partido decisivo se jugaría entre los Charrúas y la Canarinha, un empate era suficiente para que Brasil lograra su primer campeonato mundial.

Todo era fiesta en Brasil, la gente estaba convencida de que ese verano se consagrarían campeones del mundo. Más de 200 mil personas abarrotaron el Maracaná, al día de hoy, esa fecha mantiene el récord de más personas reunidas en un estadio, para ver un partido de futbol.

El primer gol fue de Albino Friaca al minuto 47, la explosión del festejo fue ensordecedora, los brasileños ya se hacían campeones del mundo, no parecía haber fuerza que los detuviera.

Con 66 minutos cumplidos de juego, llegó el inesperado empate de los uruguayos, Juan Schiaffino disparó dentro del área y alimentó la preocupación de la afición brasileña, que hasta ese momento no paraba de alentar eufóricamente.

Al minuto 79 inició la tragedia, gol de Uruguay, los charrúas lo estaban logrando, estaban remontando un marcador que parecía imposible. Los brasileños lo intentaron una y otra vez los minutos restantes, se fueron con todo al frente, pero nunca pudieron empujar el balón dentro de las redes.

El arbitró terminó el partido con un silbido, un silbido que denotaba tragedia, que mataba el sueño de millones de aficionados, pero también, un silbido que representaba alegría absoluta y entusiasmo desbordado para los uruguayos, que habían logrado la más grande hazaña en la historia del futbol.

El estadio estaba prácticamente silenciado, predominaban las lágrimas y rostros inconsolables tanto de los jugadores, como de la afición local, la sensación de tristeza era tal, que no se realizó una ceremonia de premiación, el trofeo fue entregado discretamente al capitán de la selección uruguaya, Obdulio Varela.

Los titulares de los periódicos al día siguiente decían frases como “La peor tragedia de la historia de Brasil o “Nuestro Hiroshima”, reportes posteriores de algunos medios, indicaron que, al salir del estadio, algunos aficionados decidieron suicidarse ante la intolerable decepción que acababan de sufrir.

No solo se percibía tristeza, había frustración y molestia por parte de la afición brasileña y encontraron en quién descargarla, el portero de la selección carioca se convirtió en el villano de esa noche, pues muchos lo culpaban de haber colaborado en el segundo gol de Uruguay, Moacir Barbosa era su nombre, y desde ese día, pasó a ser uno de los personajes más odiados por la nación brasileña.

“La pena más alta en mi país por cometer un crimen es de 30 años, yo llevó 45 pagando por un delito que no cometí”, declaró Barbosa años más tarde. Incluso ya en los últimos años de su vida, Barbosa quiso visitar a la selección que se preparaba para la copa del mundo del 94, pero no lo dejaron entrar porque supuestamente atraía la mala suerte.

En los años posteriores, la selección brasileña se convirtió en la más ganadora del mundo, vendría la época de Pelé, Garrincha, Vava. El Maracanazo sin duda alguna fue un parteaguas en la historia de Brasil, que alimentó la ambición de ganar un mundial, y potenció el fútbol de la canarinha, pero también, fue una escena trágica que quedará por siempre en la mente y en la historia de los brasileños.

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