Es en un estacionamiento cercano al estadio azteca donde comienza todo, una multitud azulcrema empieza a llegar horas antes del partido, camiones abarrotados de incondicionales son los que predominan en la propiedad. Son los doble 7, más de 22 años apoyando cada semana al américa, no importa el día o el rival, la energía que manejan hace que parezca que ese día se juega la final.

Música emana de los carros, risas, convivencia y buen ambiente se percibe en el terreno, hombres, niños, mujeres se van dando cita para apoyar al equipo de sus amores, la barra no excluye a ninguno.  La organización es indispensable y ellos lo saben: “En 10 minutos empezamos a tocar wey, tocamos 20 y nos vamos para allá” le dice Pedro, líder de la barra, al “Pelos” uno de los que encabeza los cánticos.

Llegó la hora, el primer canto resuena acompañado de tambores, trompetas y por supuesto, cientos de fieles entonando: “Mii corazon pintado bicolor te quiere ver campeón te sigue a donde vas, la vuelta quiere dar, si pierdes o ganas te quiere de verdaaad….”.  Aún queda una hora para el inicio del partido y ellos ya están animando fervorosamente, queda claro que esto no es solo apoyar a un equipo.

“El américa es pasión, es locura, me encanta el ambiente, el carnaval que se vive aquí, el color, todo lo que representa pertenecer a esto”. Nos cuenta Vladímir, un integrante de la barra desde hace 10 años. Después de tocar unos minutos, todos dejan el estacionamiento y emprenden su camino a el que ya es su segunda casa, en donde han vívido momentos gloriosos y dolorosos: el estadio azteca.

El acceso para la barra se encuentra en la explanada que da salida a Tlalpan, muy cerca de la tienda oficial del club está la puerta plagada de policías por donde entran los doble siete. Hostil es la entrada al recinto, con el recibimiento de los elementos de seguridad que revisan minuciosamente cada extremidad de todos los que pasan por ahí, tras un par de filtros a los que son sometidos, ya están adentro, muy cerca de el objetivo final “la norte, donde se canta con toda el alma”.

Pero antes, una parada más, porque en esta barra, tambor, trompeta y voz se utiliza al máximo. “Hoy hay que ganaar, hoy hay que ganaar, hoy hay que ganar azulcremas, hoy hay que ganaaar”.

Los minutos transcurren y los cánticos no paran, camarógrafos se acercan a presenciar la escena, capturar las pasiones desbordadas que genera este movimiento debe ser invaluable, la gente que va entrando al lugar también aprovecha para grabar, tomar fotos o simplemente disfrutar lo que esta sucediendo, incluso aficionados con la playera de el rival se acercan a presenciar la fiesta que se está generando, por un momento no importan los colores, sobresale el amor al fútbol.


En la rampa 5 se emprende el último tramo del recorrido para llegar al lugar que recibe la mayor euforia del azteca, la parte alta de la cabecera norte, otro filtro más de seguridad se tiene que pasar, este más ligero que los primeros dos. Ya estando en la ultima rampa, se extiende la espera para llegar al interior del estadio, y es que el acomodo de las barras no es tarea fácil, pero después de unos minutos en los que aprovechan para seguir entonando cánticos, ha llegado uno de los momentos más exquisitos del día: el ingreso a las gradas, pero no cualquier gradas, este es el lugar donde vibran las mayores emociones, donde el significado de pasión se muestra en su máxima expresión.

Fotos: Emiliano Gómez


La iluminación es impecable, al igual que la cancha verde brillante que se encuentra lista para recibir el partido, los cantos aparecen desde el segundo 0 del encuentro, mientras cientos de banderas son ondeadas rigurosamente, cual coro musical, en determinados espacios hay líderes de la barra encabezando el movimiento y cuando por alguna razón el apoyo se apaga, ellos son los encargados de reanimarlo dejando la voz en ello.


Cayó el primer gol del partido, pero fue por cuenta del rival y a diferencia de gran parte de la afición que mostró rostros de frustración y descontento, la barra aumentó el volumen de los cánticos, la muestra de apoyo se intensificó, ellos sabían que ese era el momento en el que el equipo necesitaba sentir su presencia, su apoyo incondicional.

Apenas pasaron 15 minutos de que había llegado el gol, cuando Diego Valdés aprovechando un error del portero rival, marcó el empate para las águilas y lo hizo en la portería de lado donde se encontraban los doble siete, evidentemente el estadio explotó, aquel incesante apoyo estaba surtiendo efecto y la remontada cada vez se veía más cerca.


Terminó el primer tiempo con un partido intenso, atractivo y lleno de emociones, todos se toman un momento para descansar la voz e ir al baño, porque saben que lo mejor está por suceder. El goku, integrante de la barra nos cuenta el significado de américa en su vida “El américa es todo, amor incondicional desde la infancia, cada 15 días se escribe un capítulo nuevo, aunque no tengas para el pasaje, aunque no tengas para el transporte, mientras seas conocido con la banda, si te jalas, vives un capítulo nuevo cada 15 días”.

Fotos: Emiliano Gómez


El arranque del segundo tiempo vino acompañado de la reanudación de los cánticos, que no bajaban la intensidad nunca, pero de pronto, sucedió lo indeseable, el árbitro marcó penal en favor de los rivales que tenían la oportunidad de una vez más ponerse adelante en el marcador. Toda la atención estaba centrada en el portero Malagón que apenas llevaba un par de partidos siendo titular, esta era su prueba de fuego para ganarse a la afición azulcrema, el disparo fue a media altura al centro de la portería y aunque Malagón se tiró a la derecha, con su larga pierna estirada alcanzó a atajar la pena máxima y con ello mantener el empate, el festejo fue igual que si hubieran anotado gol, todos se abrazaban y brincaban con gran entusiasmo, sin duda el momento anímico era para los locales.

La cereza del pastel apareció y fue un gol de Federico Viñas que había entrado de cambio, ese gol significó la remontada, significó que le estaban ganando al líder y mejor equipo del torneo, en los rostros de la barra era visible la inmensa felicidad que producía esta victoria, por supuesto, hasta el final del partido las banderas ondeadas, los cantos a todo pulmón y los tambores resonando no fallaron ni un segundo, hoy todos irán a casa satisfechos y contentos por el resultado. El futbol así lo viven los doble 7, una experiencia extraordinaria que se repite cada 15 días.

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